Como decía hace unos pocos post, ando de exámenes, y aunque tengo por ahí un par de cositas que me gustaría contarles, sobretodo una del comercio que es de risa mortal – nunca mejor dicho, ya entenderán por que – les cito hasta el próximo jueves que es cuando finalizo los exámenes para comentárselo, así que de momento les pongo el segundo relato corto:
Las formalidades por parte de Ismael habían terminado, una vez terminada la conversación banal sobre el fin de semana que iban a tener y el pez que cazo el último día de pesca, tenía y quería entrar a hablar del verdadero motivo que le había llevado al despacho.
- ¿Sobre que hora te recojo para ir a la cena de esta noche?
- Ya discutimos hace una semana… conoces mi opinión, no pienso ir.
- No puedes actuar por impulsos, eres una persona, tenemos la capacidad de razonar, eso nos diferencia de los animales.
La semana había pasado rápido, Ismael noto que desde la reunión con David, su hermano Ernesto le había estado esquivando todo el tiempo para no hablar de la cena. No le gustaba la idea de ceder para sobrevivir en la industria cinematográfica, pero optaba por ponerse de lado frente al tren que les pisaba los talones, en cambio su hermano quería ser embestido con la mayor fuerza posible, aunque eso significara el cierre del cine.
- ¡Y una mierda! Los animales son los coherentes durante toda su vida, nosotros nos ocultamos en estupideces para no reconocer nuestros actos.
- ¿Entonces a ti, te parece qué asistir a una cena, aguantar unas tres horas a unos señores qué te van a salvar el puñetero cine, es un acto estúpido?
- Estúpido y si me permites añadir, ridículo.
Dibujo una sonrisa mostrando la acidez de sus palabras, Ernesto estaba nervioso, se veía delante a un gran aro de fuego y tenia que pasar por dentro de él sino quería quemarse.
- ¿Qué seria para ti actuar con coherencia, hermano?
Ante el aparente nerviosismo mostrado por Ernesto, Ismael le quiso dar un tono conciliador a la conversación, rebajar la crispación existente porque la única solución era la propuesta por David, si no aceptaban, ninguna distribuidora les facilitaría películas.
- Comer en un pasto hasta que nos cacen los leones.
- No tenemos tiempo para metáforas. Explícate mejor o asisto a la cena aunque sea solo.
Se le estaba acabando la paciencia y el tiempo, eran las tres de la tarde y a las ocho y media empezaba la cena. Quería zanjar la conversación de una vez y no permitiría a Ernesto entrar en sus absurdas teorías.
- ¿Conoces a algún mosquito que no vaya hacia la luz para no quemarse? ¡Respóndeme! – elevo el tono de voz para dar consistencia a su pregunta, añadiendo una exclamación ante la mueca que estaba empezando a dibujar Ismael.
- Ninguno.
- ¿Porqué? Porque no sé plantea si quiere vivir más o menos, ni tampoco si la luz le va a quemar o le va a producir placer. Lo hace por instinto, cumple siempre de manera impecable su función natural, sea buena o mala. En cambio nosotros, nos cambiamos según nos convenga.
- Para sobrevivir, razonamos entre otras cosas para la supervivencia.
Se había perdido, estaba en terreno resbaladizo, Ismael lo supo nada más responder a su hermano, por eso se levantó a recoger el abrigo, sabia que no le iba a convencer, pero tenía previsto asistir a la cena por simple formalidad.
- ¡A tomar por culo la supervivencia! Lo hacemos para conservar la casa, el coche, pagar la universidad de nuestros hijos, la sirvienta…
- ¿Qué quieres arruinarte por tu honor?
- Si no hay más remedio, sí. Los tres decidimos ser independientes, ir directos sin intermediarios, apellidos, amigos o representantes. Seleccionábamos lo que nos parecía de calidad y se proyectaba durante un tiempo.
- Pero las cosas han cambiado, hay una maquinaria detrás, que aporta mucho dinero para hacer películas de gran presupuesto.
- ¡Que no valen nada!
Ernesto daba por zanjada la conversación, nada y nadie le iba a cambiar de opinión y se mantendría firme en su opinión, así lo quería hacer ver, no apartando su vista en todo momento de los ojos de Ismael.
- Eso es subjetivo, no puedes opinar en voz del resto de la humanidad, no tienes ese privilegio.
Se puso el abrigo, negro, con cuello de piel. Ismael tenia el pomo de la puerta en la mano, se disponía a marcharse pero como mínimo quería decir la ultima palabra, que le permitiese dejar la conversación sin el sabor agrio de ser el perdedor. Pero Ernesto, no le permitió tal privilegio y antes de que su hermano abriera la puerta, quiso congratularse de su honor y su dignidad.
- Pero nosotros somos el filtro de lo que se ve y se deja de ver en estos cines. Y no me he pasado veintisiete años en este mundo para que ahora un mocoso de treinta años, me ponga dos millones encima de la mesa, con la mayor desfachatez posible, para proyectar su maldita película tres semanas y yo tenga que tragar sin importarme la calidad.
- Tu mismo lo has dicho, la universidad de tus hijos, la sirvienta de tu mujer, tu coche que te lleva y te trae… nos hacemos viejos, hemos descubierto que los ideales no mueren, déjaselos para otro, en cambio nosotros si tenemos los días contados.
Al terminar, Ismael salió del despacho y cerro la puerta, sabia que si se quedaba era para seguir luchando ante algo tan estúpido como el honor de su hermano, era inútil el esfuerzo, decidió irse sin decir nada más, no dando oportunidad a posible replica, además tenia prisa, se hacia tarde para quedar bien con tanta gente.
En la soledad, Ernesto pensó en las palabras de su hermano, sabia que no tenía razón, que tenia que seguir fiel a unos valores que iban más allá de lo bueno y lo malo. Se encendió un cigarro, con el mechero que le regalo su hija Lucia, era de oro, al encender el cigarro, vio reflejado en el mechero una fotografía que había en la estantería que quedaba a su espalda. Se giro queriendo averiguar de qué se trataba, la había visto millones de veces, todos los días pasaba por delante de ella, pero esta vez le produjo una sensación diferente. Le estaba dando nausea, era una fotografía familiar, con sus hijos aun pequeños, fue un día de verano en una excursión para festejar un cumpleaños, sabia que aquello corría peligro, volvió a recordar las palabras de Ismael, y se sentó, se lamento de su mala suerte hasta quedar saciado su ego y telefoneo a Ismael, sonaron tres tonos y al escuchar la voz de Sandra la esposa de su hermano, articulo una débil pregunta:
- ¿A qué hora es la cena?
- A las ocho y media.
- Bien, allí nos veremos.