Ahora todos son buenos

Tiende la historia, la humanidad, la bajeza humana a ir poniendo de manera consciente o no, al vivo, al que sobrevive, al abuelete “entrañable” en la parte de los buenos, muy buenos – por lo menos la mayoría – y cuando llegan fechas de aniversario en que el abuelete tuvo algo que ver se le ensalza al estatus de santo.

Esto viene a cuento porque como todos sabéis, esta semana, se celebra el treinta aniversario del nombramiento del rey Juan Carlos I, y todos los medios nos están atiborrando de documentales, historias, historiadores, la abuela fumadora y demás monserga contentadora para que nos vayamos felices a la cama, creyendo en la democracia, el rey, la griega (su esposa) y toda su corte incluida la última en aparecer, Leonor, que creo que ha sacado carita a su abuela, o a su tatarabuela… en fin se parece tanto a ambas y es tan guapa… ais…

Pero dejemos a la recién nacida para otro día, decía lo de los documentales porque viéndolos y sin saber nada de nada de la historieta de este país tan proclive a Caínes y a puñaladas traperas. Puedes llegar a la conclusión de qué Fraga era un demócrata y que en realidad era más socialista que los propios socialistas, pero se puso en el bando de la derecha bonita porque claro, en “la demo” tenía que haber de todo y le toco a él hacer el papel de dirigente de la derecha progresista – ¿Captan el sutil juego de palabras? – Incluso te puedes llegar a plantear de que en realidad el único malo era Francisco Franco, el caudillo, que los tenia a todos, a los treinta y tantos millones de españoles, más tiesos que la mojama el solo, sin la ayuda de nadie. Así solo se entiende de qué la cochina dictadura durara el breve y transitorio periodo de tiempo de cuarenta años, nada, porca miseria. Y que no habían más fascistas, ni nadie levantaba el bracito de un golpe seco, ni nadie era hijo de puta, solo él, ese hombre, de bigote perenne y voz nasal.

Y por último llegas a la grandísima conclusión de qué el futuro rey, el Juanca, no tenía nada nadita que ver con el dictador. Que estaba deseando liar una bien gorda, y dar el empujoncito para que esa España oprimida por aquella mala bestia solitaria se liberara de una vez. Así poder demostrar lo demócratas que eran todos y vivir en armonía, sin bandos, sin rencillas, con fraternidad, amor y un cojón de gorrión… pero en estas, el animalito en cuestión la palmo, y el bueno de nuestro Borbón no llego a tiempo para liarla, y se limito ha hacer la transición y según estas maravillosas miradas retrospectivas que nos brindan los medios no metió la gamba ni una vez.

Lastima que no solo se vive de la televisión y cia. Y uno de lo que aprende por su cuenta o por la calle sabe que dos más dos a menudo eran y son cinco por cojones, de toda la vida.

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