Exámenes y serie de relatos de “quizás mañana…”

Como saben y sino se lo cuento, estoy de exámenes, esa maravillosa época donde te acuerdas de todas esas horas muertas, desperdiciadas a ojos vista del estudio para hacer otras actividades o simplemente para no hacer ciertas cosas. El caso es que ahora, esas horas parecen lejanas y toca estudiar, aunque se haga de todo menos lo propiamente dicho. En estas estamos, así que como no quiero dejar de editar, ni tampoco escribir cualquier gilipollez que se me pase por la cabeza y lo haga de forma catastrófica – les emplazo a ver mis “archivos de junio o septiembre – voy a ir editando algunos textos, relatos cortos en muchos casos, que tengo escritos, se salen de lo que es la línea de este blog pero un pequeño cambio durante cierto tiempo no vendrá mal. Aquí tienen el primero.

Llevaba siete años declarado en depresión, siempre había sido de alma frágil y carácter pesimista, dos cánceres comenzaron con todo, unas copas y la señorita de los lunes hacían el resto para mantenerme a raya de todo abismo de luz. Etiquetado de inútil por mí mismo, me limitaba a reconocer mi idiotez a través de una columna en un periódico local, en la que paradójicamente por más que me empeñara en dejar patente mi idiosincrasia de perfecto imbécil, el resto de la humanidad me calificaba de genio.

Era difícil de aceptar que todos anduviesen equivocados conmigo, por eso no me relacionaba con nadie más allá de lo necesario. Los martes después de desayunar, paseaba por el parque de delante del colegio, consideraba que era una forma de intentar purgar los pecados cometidos la noche anterior. Me sentaba en un banco, y empezaba a leer el periódico hasta la hora del recreo de los niños, a las diez y media salían, siempre en trompa, una vez fuera se desperdigaban en grupos, tenia tendencia a fijarme en los que iban por libre, sin necesidad de nadie más, su imaginación les sobraba. Aquel que caminaba como un militar, el que no dejaba de ir y venir deslizando pensativo su mano por los barrotes de la reja, la que se ponía a cavar un agujero en el suelo con la ayuda de un palo de madera; y cuando los veía me preguntaba qué diablos tendrían en ese instante en la cabeza.

En aquel patio de recreo vi por primera vez a Lola, hace ya unos quince años, yo andaba aun en el umbral de la luz, con mi esposa y mi hijo, tenia planes, terminar el libro y esperar con un poco de suerte a que me lo publicasen. La veía cada día, una vez la estaba sentada con un libro leyendo impasible, yo paseaba por el parque y era la hora del recreo, salí a respirar aire fresco que me desbloqueara la mente para despejarme un poco. Estaba leyendo con una concentración extraordinaria, ajena a todo lo que le envolvía, inquebrantable, pasando las páginas en aquel rincón del mundo. Su expresión no era relajada, sino obstinada; como si el esfuerzo de mantener a raya el bullicio que le agolpaba constantemente no fuera regalado. Recuerdo, que me estremeció aquella pequeña, sola, digna y orgullosa niña que deseaba estar ajena a todo. Fue entonces cuando levantó la vista y me vio al otro lado de la verja. Intente mostrar un signo de compañerismo pero se limito a mirarme, analizándome escrupulosamente, entendí cómo ella realmente me veía: mayor, desconocido, posible ladrón de su mundo. Su mirada aun limpia de toda culpa y todo prejuicio me arrebato en aquel momento el poco razonamiento qué aun creía tener.

No necesitaba nada, prefería seguir lejos de mí y del resto, en un universo creado por las páginas de aquel libro y por su mente, y yo estaba de más en él. Lo entendí cuando bajo de nuevo la vista, ignorándome, añadiéndome a ese mundo enrevesado que ese libro y sus sueños mantenían bien lejos. Entonces, herido me aleje sigilosamente con la esperanza de no molestar, e intentando dilucidar qué esa pequeña, de pelo levemente ondulado, nos haría en un futuro a todos un poco mejores.

Ahora esa niña era mayor, rondaba la veintena, no sabia con certeza su edad, mantenía aun el pelo ondulado con una pequeña melena castaña, ojos felinos y labios atrevidos, desde hacia unos cinco años, me había vuelto a fijar en ella. Iba a recoger a su hermano pequeño los miércoles, jueves y viernes por la tarde, era la excusa para salir de mi pocilga, cuando uno entra en el túnel de la depresión, se vuelve paranoico y autista, y solo pequeños detalles que nadie entiende consiguen sacarlo del letargo. Uno de esos detalles era Lola, me saludaba cuando me cruzaba en su camino, supongo que aun recordaba aquel libro que le regale cuando entro junto a su madre en la pequeña librería que tenia mi mujer. Era fascinante, aun llevaba algunas prendas de vestir de cuando volví a interesarme por ella, iba siempre con las zapatillas por abrochar y las manos en los bolsillos de los pantalones cuando no llevaba ningún libro entre ellas. Miraba siempre con los ojos bien abiertos, como queriendo aprender y a la vez sabiendo que en cualquier esquina podía haber alguien con un cuchillo traicionero dispuesto a usarlo contra ella.

Se hacia hora de comer y regresaba a casa, la vi cruzar la calle con la mochila a cuestas, supuse que venia de la universidad, quizás fue el pensar otra vez en el recuerdo de aquella niña desalojada de este mundo, quizás mi idiotez perenne, fuera lo que fuese me impulso a acercarme inevitablemente a ella y saludarla.

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3 Responses to Exámenes y serie de relatos de “quizás mañana…”

  1. peloxina dice:

    Te propongo algo para que te distraigas de los exmaenes. Has sido elegido, mira mi blog :)

  2. LöLa dice:

    Bueno, quizá yo tenía ventaja ya porque lo había leido, pero es de esas historias cortas que te transmiten mucho más que los best sellers de 700 páginas.
    Sigue deleitandonos con más; por cierto, vaya nombre más bello…. :)

  3. Casshern25 dice:

    jejeje ante esto solo puedo recordar la canción de The Kinks que tan desafortunadamente hizo una versión M-Clan… LOLA

    I met her in a club down in old soho
    Where you drink champagne and it tastes just like cherry-cola [lp version:
    Coca-cola]
    C-o-l-a cola
    She walked up to me and she asked me to dance
    I asked her her name and in a dark brown voice she said lola
    L-o-l-a lola lo-lo-lo-lo lola

    Well I’m not the world’s most physical guy
    But when she squeezed me tight she nearly broke my spine
    Oh my lola lo-lo-lo-lo lola
    Well I’m not dumb but I can’t understand
    Why she walked like a woman and talked like a man
    Oh my lola lo-lo-lo-lo lola lo-lo-lo-lo lola

    Well we drank champagne and danced all night
    Under electric candlelight
    She picked me up and sat me on her knee
    And said dear boy won’t you come home with me
    Well I’m not the world’s most passionate guy
    But when I looked in her eyes well I almost fell for my lola
    Lo-lo-lo-lo lola lo-lo-lo-lo lola
    Lola lo-lo-lo-lo lola lo-lo-lo-lo lola

    I pushed her away
    I walked to the door
    I fell to the floor
    I got down on my knees
    Then I looked at her and she at me

    Well that’s the way that I want it to stay
    And I always want it to be that way for my lola
    Lo-lo-lo-lo lola
    Girls will be boys and boys will be girls
    It’s a mixed up muddled up shook up world except for lola
    Lo-lo-lo-lo lola

    Well I left home just a week before
    And I’d never ever kissed a woman before
    But lola smiled and took me by the hand
    And said dear boy I’m gonna make you a man

    Well I’m not the world’s most masculine man
    But I know what I am and I’m glad I’m a man
    And so is lola
    Lo-lo-lo-lo lola lo-lo-lo-lo lola
    Lola lo-lo-lo-lo lola lo-lo-lo-lo lola

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