Le volverán loco

Me refiero al perro, a ese animal con el hábito de mover la cola para mostrar su felicidad y con esa mirada que hace miserable la tuya. Se llama Yako, el chucho en cuestión, y tiene la desgracia de tener unos propietarios felizmente gilipollas. Les explico la intrahistoria, pareja acomodada vive en una urbanización, en una casa de esas que tiene más escalones que metros cuadrados y una piscina de tres metros de largo comunitaria. La pareja es relativamente joven, como mucho el palomo rondará los treinta y cinco, ella los treinta y pocos, aunque cuando se pone maciza dice que tiene veintinueve. Llegados los dos primeros años de casados, el palomo se pone en plan gorrión, le explica a su adorada torda que quiere tener un hijo, un retoño, será lo mejor para todos sustenta él, la relación de pareja avanzará, se afianzará y se pasará la primera crisis. Ella se mira en el espejo desnuda, se toca su tripa sacrificadamente perfecta, manda al carajo la idea del imbécil de su compañero sentimental y se pone a ver la televisión. Aburrida comienza a cambiar como una posesa, todo es basura… pero de repente para de darle al botón. Tiene la solución, un chucho, un can, como el que estaba viendo en la tele en ese momento, para que luego digan que la caja tonta no sirve para nada. Se anota la raza del perrito, golden retriever, y acto seguido envía un mensaje de móvil a su pichoncito.

El pichoncito tras un largo día de risas forzadas con su jefe llega a su hogar, entra curioso por saber en profundidad lo que quería decir el amor de su vida con aquel mensaje eclíptico. Ella se lo explica mientras cenan una fina ensalada, acompañada con un Pinot Noir, él al final, termina cediendo. Tras un mes encuentran un dulce, tierno y precioso cachorro, que les sale por un ojo de la cara, eso sí, con certificado de peligri y todo que tiene el nuevo miembro de la familia. Al principio todo son alegrías, se quedan mirándolo, como si fuera casi un niño, orina en el sofá, muerde los zapatos de ciento veinte euros o defeca en el comedor… es que es tan guapo. Luego comienzan los problemas, al casi niño hay que educarle, ni falta hace decir que lo intentan con mucho talante, pero claro, las defecaciones en el comedor dejaron de tener gracia. Aun así el chucho es lo que más quieren los dos, se ha convertido en su nexo más fuerte de unión, ahora en vez de hablar se dedican a lanzar la pelotita favorita de Yako las tardes de domingo.

Los años pasan, la mujer deja de decir que tiene veintinueve cuando se pone maciza, y su fiel marido, primero ya no le dice que esta maciza y segundo se ha dejado de gastar ciento veinte euros en zapatos porque ahora se los gasta en otras macizas. Una tarde de jueves la mujer pide el divorcio a su infiel marido, lo hacen todo muy democráticamente, con mucha tranquilidad y sin ningún problema, siempre se han caracterizado por ser gente de bellas formas. Hasta que llegan al espinoso tema de Yako, ese chucho que para ellos es su hijo, y que de forma inconsciente su memoria se ha agenciado como el único recuerdo grato de su cónyuge, ninguno de los dos quiere desprenderse de él. Llegan finalmente a un acuerdo, ella lo mantendrá pero el casi papa de la criatura podrá ir a verlo siempre que le plazca.

Todo funciona como la seda, el perro vive como un cerdo-humano, cada vez tiene más privilegios, hasta le preguntan que a quien quiere más, a lo que responde con uno o dos ladridos según convenga. El infiel comienza a hacer cosas raras, como ir a visitar a su apreciada mascota un miércoles a las doce de la noche, desde que se ha enterado de que su mujer se ha echado novio, tiene cada vez más ganas de ver a su hijo (no me he equivocado escribiendo hijo). Ella protesta, él también, se gritan, se dicen “hijo de perra” e “hija de perra” respectivamente, se lanzan acusaciones sobre acciones que le han podido afectar negativamente a los sentimientos de su máximo tesoro, se pierden por fin las formas y se citan en el juzgado con un escupitajo en el suelo.

Allí se encuentra, perro, perra e hijo. El juez alucina, mientras escucha el testimonio de la perra, mira una fotografía del primer cumpleaños de Yako, ella alega que es una muestra clarificadora de qué su amor hacia su hijo es mayor que el que tiene el perro ese que fue su marido; “miré yo le estoy abrazando, mientras él esta alejado”. Al fin, el juez se retira a deliberar, se fuma un cigarro a escondidas y decide, “vosotros dos a la perrera, Yako ven conmigo guapo”.

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2 Responses to Le volverán loco

  1. Inés dice:

    No sabia yo q pa tener a mi hombre objeto tuviera q pagar con cosas de estas….maldita revolución sexual!!! Ya no se peude tener un hombre objeto sin pagar algo a cambio! xDD

    Enserio pese a to lo q hemos hablao por el msn, hoy no estoy nada escribiente…no se me ocurre q decirte :s

    Prometo volver y poner algo al menos semi-inteligente y si no es asi, al menos pondré algo para instruirte el “fabuloso mundo” de Simon&Garfunkel que de eso sepo tela!^^

    ya ta!ya he firmao!

  2. P4W3R dice:

    Me ha encantao.

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