Dependencias peligrosas

Tras la segunda guerra mundial, Estados Unidos se vio obligado a crear y luego mantener una industria armamentística de enormes proporciones para el sistema de defensa. Eisenhower, en su discurso de despedida de presidente de la nación, mostró a la sociedad norteamericana el peligro que se corría si ignoraban las graves implicaciones que suponía este, “La posibilidad del ascenso desastroso de un poder mal asignado existe y seguirá existiendo. Nunca permitamos que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o el proceso democrático”.

En teoría la parte militar debía estar al servicio de la sociedad, ahora la sociedad norteamericana esta al servicio de cómo bien definió Eisenhower el complejo militar-industrial. Formado por el pentágono, los fabricantes de armas, los contratistas y los asesores, todos ellos juntos, llevan el timón de ese Titanic llamado Estados Unidos. Cuando escuchamos presupuesto de defensa, nos imaginamos, aviones, tanques, vehículos, bombas, soldados, armas… pero obviamos que para la gran mayoría es un negocio más, donde la guerra es su lugar de trabajo al que hay que ir si o si. Existe una competencia voraz por conseguir entre las empresas del sector contratos del gobierno. La industria tiene que seguir siendo rentable para sus accionistas y para ello deben encontrar nuevas formas para lograr que el gobierno siga comprando el producto. El modelo bélico americano ha acabado siendo una pieza imprescindible, por cada soldado, hay cientos de personas suministrando todo tipo de necesidades para que él pueda matar o ser asesinado a gusto.

Donde todo empieza es en el pentágono. El vendedor – los fabricantes de armas – se presenta en el pentágono, como “Avon llama a su puerta”, y vende la moto, le pone a su producto un precio menor que el real, exagera sus capacidades y no le pone ninguna pega. Una vez la propuesta es aceptada, empieza a llover el dinero en el mayor número de distritos electorales posibles. Ya tenemos dos partes cubiertas, falta la tercera que forma el núcleo, el congreso. Para el congreso el gasto en defensa implica trabajos. Perder cien puestos de defensa supone esa cifra multiplicada por cuatro o cinco en número de votos menos para un diputado qué tiene el deber de llevar comida a su casa.

A estas tres partes se ha añadido otra, los contratistas, los soldados americanos ya no se dedican a pelar patatas o a limpiar con un cepillo de dientes los retretes, ahora lo hacen empresas contratadas especialmente para esos servicios. Después del 11-S más de setenta empresas fueron contratadas para Afganistán y/o Irak, diez de las que obtuvieron mayores contratos tenían en sus filas a funcionarios que trabajaron en el pentágono o en otras áreas del gobierno. La compañía que obtuvo más contratos fue Halliburton, ex-compañía del actual vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney y su filial Kellogg Brown & root, el escándalo se destapó, todo el mundo se enteró, pero Cheney sigue en su cargo.

El vicepresidente del país más poderoso del mundo no es otro que un contratista, pero todo es totalmente legal. En la actualidad y tras un largo y laborioso proceso, se ha creado una perfecta telaraña donde nada escapa y todo se mueve al unísono, las redes están tan entrelazadas, que las fuerzas políticas y financiaras han acabado siendo una misma gente. En el 2005 el presupuesto asignado al pentágono fue de cuatro cientos mil millones de dólares, ese mismo año, las ganancias aumentaron en más de un veinticinco por ciento, ¿Qué razón más poderosa que esa para no terminar la guerra?

Por último, los asesores, sin ninguna vinculación con el ciudadano de a pie, establecen planes de futuro para su país, estos asesores forman parte del actual gobierno, se han ido adhiriendo poco a poco, sin hacer ruido, hasta ser ellos mismos la cúpula de decisiones de todo un país, masticando la información, convirtiendo y omitiendo a su antojo datos… creen que la gente no necesita saber, no se puede ni se debe aceptar. Desgraciadamente ha sido aceptado de forma rotunda.

PD: Ésta entrada en realidad es un articulo para una revista que finalmente quedo cancelada su realización, espero que les guste.

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3 Responses to Dependencias peligrosas

  1. Johnymepeino dice:

    A fuer de ser desagradable, te recuerdo que la cosa-esa-nstitución-uropea consagra la “obligación” de los estados miembros de incrementar y desarrollar la industria armamentística.

    Sé que esto deja perpejlo a cualquiera habida cuenta que “mi hermano el imbécil” (Manolito Gafotas dixit) osea, Zapatero, defendió el SI.

    Hasta Junio (plazo que me da “Uropa” para convencerles) pienso dedicar todos mis esfuerzos a seguir luchando contra lacosa-esa-nstitución y sus mentiras.
    Fenomenal artículo, ya lo sabes ¿no? :)

    p.d.- tus 20 votos aún no son nada pero pienso seguir con ello a diario ;)

  2. Octubre dice:

    el artículo es incontestable, lo jodido es que la solución imposible

  3. Frozen dice:

    Joder, que depresión.

    Lo más triste es que es una realidad que todos sabemos que está ahí y no se hace nada contra ella (¿se puede?).

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