En el país de los ciegos…

Teníamos un presidente miope, y digo teníamos porque como nos narra Pedro J. Ramírez, aprovechó las fiestas de semana santa para operarse su sufrida miopía en el más riguroso silencio. Solo lo sabían los mas allegados, ya que nuestro presidente usaba lentillas, su miopía no era de consideración, más o menos la que yo calzo, pero deduzco que cuando fue a comprarse unas gafas le pareció su careto poco fotogénico y así se decidió por las transparentes. Es curioso como narra el acontecimiento Pedro J. tan amigablemente, parece como si le dieran seis mil euros por escribir tan gentilmente el relato… ah no, eso es lo que percibe por participar en el programa 59segundos, ¡que cosas tengo!

Esto quizás sirve como excusa por el famoso café de los ochenta céntimos, que acabose siendo cierto que en el congreso vale tanto el sin dormir, incluso en la universidad cuesta menos, unos sesenta céntimos. De lo que estoy seguro es que en tiempos del abuelo Patxi un café no valía, a la sazón de cambio de moneda, ciento treinta y tres pesetas. Porque el tal abuelo Patxi resulta ser, por si alguien aún no se ha enterado, Paco, Paquito, el generalísimo, a la postre de nombre: Francisco Franco Bahamontes. Pero claro en el momento resultó ser glorioso, un hombre entrado en años, llano, con la única experiencia de la calle y la vida dejaba en ridículo a un todopoderoso presidente. No defiendo a Zapatero que bien que metió la pata respondiendo de esa forma y se gano tal respuesta. Lo que me chamusca fueron los tres días posteriores que hasta los que van de antisistema hablaban del puñetero precio del café, todos parados frente al faralae, ya daba igual el resto de lo que dijo o no dijo, que a menudo es más importante lo que los políticos callan que lo que dicen, lo fundamental era el maldito precio; que si no tiene ni idea… que mal que quedo… conclusión que España se rompe por un café.

Pero aquí no somos tan ciegos como en Estados Unidos, aquí hubiéramos sabido apreciar el sonido de un Stradivarius en una estación de metro, pongamos la nueva en Valencia, si, esa inaugurada en día anterior a la manifestación “43 muertos + 47 heridos = 0 responsables”. Seguro que sí, se hubiera formado un gran tumulto de gente agolpada para escuchar las piezas que interpretaba de forma magistral uno de los mejores violinistas del momento, ¿Quién osa a negarlo? Un país donde Bisbal es reconocido como romántico, que aprecia voces tan majestuosas como la cantantes de de La oreja de Van Gogh o se desinhibe al ver, digo ver no escuchar (importante matización), tocar al grupo Pereza sus guitarras mientras cantan algo que tiene la palabra princesa o sueños.

No digo que me hubiera detenido al escucharlo mientras pasaba a su lado, lo más probable es que no, pero la paja en ojo ajeno se ve con una claridad maravillosa, pero la que está en el nuestro, no es que no la vemos es que nos la restregamos por todo el cuerpo para ni ver, ni oír, ni probar, ni sentir y estar así la mar de felices.

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5 respuestas a En el país de los ciegos…

  1. Juan E. Tur dice:

    Coincido plenamente con tu comentario. Hoy he sabido a través de Escolar del experimento del metro neoyorquino y he alucinado con el punto de vista con que es tratado, como despreciando a los que pasaron de detenerse ante el violinista (cuando estamos en unos de los países más incultos -de gusto por la cultura- del primer mundo). Se agradece leer textos de gente autocrítica en un país tan pagado de sí mismo. Yo seguramente tampoco me habría detenido.

  2. Una mujer desesperada dice:

    me partí leyendo esa noticia… primero me reí de mí misma, que estudié Música y seguramente ni así hubiese reconocido el stradivarius.. al virtuoso intento creer que sí. pero me he reído más al leer tu comentario plagado de ironía, te juro que a veces destilas tanta mala leche, casshern, que me parece mirarme en un espejo, ja ja ja. las apreciaciones de la oreja y de bisbal, sublimes. ja ja ja ja

  3. Toni R. dice:

    Como siempre, enorme!
    Desde luego que la televisión estatal está gastando el dinero de los contribuyentes de una manera sublime, primero dándole kilo y medio a la nietisima de Franco para verla bailar en ridículo, y luego otro kilo al bueno de Pedro Jota, no sé ustedes, pero yo desde que vi el “video secreto de Pedro Jota” cada vez que lo veo debatir temas serios me parto, soy así de cabrón.

    El estudio del stradivarius en el metro de Washington me parece bastante acertado, uno se da cuenta de que la vida es demasiado jodida como para pararte a contemplar lo bonito. Y así se nos va la vida..

    A ver si el bueno de Jaume Matas, ahora que ya tenemos metro aquí en las isla, nos pone una mañana al daddy yankee a cantar regueton, se llenaría de gente para verlo.

  4. ines dice:

    de dónde habras sacao tu, lo de que bisbal es un romantico……jajajajaja

  5. Löla dice:

    Yo creo que ZP es más de colacao,y claro que no le jodan a él preguntandole por el precio del café chss
    ¿Y para qué pararse a ver un stradivarius si los de Pereza si quitan la camiseta en el escenario?

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