Ivo Markovics reales

Vi y viví lo peor que hay en la naturaleza humana. Se quedó marcado en mi interior a sangre y fuego y no podrá borrarse jamás. Me tuvieron meses esposado con los brazos atrás y arrodillado. Si me dormía y se me caía la cabeza hacia delante, me daban una patada. Los animales tienen más moral que ellos.

Ivo Markovic es uno de los personajes de “El pintor de batallas” la última novela, excluyendo la saga Alatriste, de Pérez-Reverte. Cuando leía esta mañana el reportaje de El País sobre Ashraf Alhajuj, me acordé de Ivo Markovic, de su mirada al mundo, de su fin después de volver del infierno, de llegar de nuevo al paraíso irreal. Ashraf es el médico de origen palestino acusado por las autoridades libias, junto con cinco enfermeras búlgaras, de haber inoculado el virus del sida a más de 400 niños. Ahora le toca quizás la parte más difícil, volver a la vida normal.

En una de las páginas así lo reflejaba Reverte bajo Markovic, sentarse en la terraza de un bar y escuchar a la gente preocuparse por el color de su traje nuevo, la memoria de su ordenador o las horas que se pasa su hijo jugando a los marcianitos con la consola. Concluía que no se habituaba a aquello. Que todos le parecían locos, trastornados, ajenos a la realidad. En otro episodio del libro le preguntaba a Faulques – El pintor de batallas – si los normales eran ellos o los que vivían en el limbo, si todo aquello que se hace en las guerras era lo normal en realidad de la condición humana. Faulques, asevera que quizás en las guerras solo había gente normal haciendo cosas realmente naturales a ellas, que lo demás era artificio.

Cuando el desastre devuelve al hombre al caos del que procede, todo ese civilizado barniz salta en pedazos, y otra vez es lo que era, lo que siempre ha sido: un riguroso hijo de puta.

Se puede leer en el libro. Ashraf es un Ivo Markovic real, de carne y hueso, no retratado por un escritor. Teniendo la cruel certeza de saberse hombre. Solo espero que no tenga a ningún Faulques por que entonces creo que una vez descubra la verdad no le quedará mucho más que hacer que volarse los sesos. Por último y para cerrar, para aquellos que piensen que el ser humano se hace malo a través de los años, que aún hay esperanza y quieren cambiar el mundo no me viene nada mejor que esto:

Había ocurrido en la confusa línea de demarcación serbocroata, poco antes de Vukovar. El pueblo se llamaba Dragovac: una iglesia ortodoxa, otra católica, un ayuntamiento, un polideportivo. Un lugar campesino, tranquilo. El conflicto de los Balcanes había pasado por allí sin ruido aparente; la única huella visible era un solar arrasado donde antes se levantaba la iglesia católica. Por lo demás no había ninguna casa incendiada, en ruinas o con huellas de combates ni disparos. Los habitantes se dedicaban a sus tareas y apenas se veían soldados. Todo habría sido casi bucólico de no mediar un detalle: los croatas de Dragovac, un centenar de personas, habían desaparecido de la noche a la mañana. Allí sólo quedaban serbios. Corrían rumores de otra matanza; así que Faulques y Olvido se proveyeron de salvoconductos del ejército yugoslavo y viajaron por la carretera que corría a lo largo del Vrbas. Llegaron a Dragovac por la mañana, cuando casi todos los vecinos estaban trabajando en el campo. Estacionaron el coche frente al ayuntamiento y pasearon sin que nadie los molestara. No hubo hostilidad, ni cooperación; a cada pregunta la gente respondía con evasivas o silencios. Nadie sabía nada de croatas, nadie había visto croatas. Nadie los recordaba.

El único incidente ocurrió en la explanada donde estuvo la iglesia católica, cuando dos milicianos con el águila serbia en las gorras les pidieron la documentación. No foto, fue el comentario. Verboten. Prohibido. Al principio Faulques se inquietó, pues pronunciaron verbluten; y aquello significaba morir desangrado —más tarde consideró que no era mucha la diferencia, y que tal vez eso mismo habían querido decir—. Una oportuna sonrisa de Olvido, unos cigarrillos y algo de charla distendieron el ambiente. Los milicianos tampoco sabían nada de croatas. Punto final, concluyó Faulques. Vámonos. Volvieron al automóvil, y estaban a punto de salir del pueblo cuando pasaron ante el polideportivo. No se veía un alma. De pronto él tuvo una sensación extraña y detuvo el coche.

Se quedaron sentados, Faulques con las manos en el volante, Olvido con la bolsa de las cámaras en el regazo, mirándose. Luego, sin pronunciar palabra, bajaron del coche y caminaron. No había nadie, excepto un niño que los observaba de lejos, junto a un árbol seco. Flotaba algo siniestro en el ambiente, en la ausencia de sonidos del edificio de cemento gris, tan sombrío y desierto que ni siquiera los pájaros volaban por encima. Y cuando pasaron bajo el arco de entrada y salieron al campo de fútbol desprovisto de césped, con la tierra removida y aquel curioso olor, Olvido se detuvo, estremeciéndose. Están aquí, dijo en voz baja. Todos. Fue entonces cuando se les unió el niño. Los había seguido, y ahora fue a sentarse cerca, en una grada del estadio. Debía de tener ocho o diez años y era flaco, rubio, de ojos muy claros. Un niño serbio. Llevaba una tosca pistola de madera metida en la cintura del pantalón corto. Y entonces, sin que ninguno de los dos hubiese pronunciado una palabra, el niño sonrió. ¿Buscáis croatas?, preguntó en inglés escolar. Después, sin aguardar respuesta, acentuó la sonrisa. En este pueblo no encontraréis ninguno, dijo burlón. Nema nichta. Aquí no hay croatas ni los hubo nunca. Entonces Olvido se estremeció otra vez, como si por aquel lugar corriese un soplo de aire frío. Lo sabe igual que tú y que yo, murmuró. Pero Faulques negó con la cabeza. Lo sabe mejor que nosotros, dijo. Y le gusta. Luego alzó la cámara para enfocar el rostro del niño: los ojos helados como escarcha, y aquella sonrisa despiadada y maligna.

Anuncios

4 Responses to Ivo Markovics reales

  1. el hombre en momentos extremos muestra lo peor, y lo mejor de sí mismo. pero lo peor suele ser aterrador. siempre recuerdo una frase de reverte cuando volvió de cubrir la guerra de yugoslavia, dijo que se había avergonzado profundamente de ser hombre mientras escuchaba los gritos de las mujeres violadas por elnemigo.

  2. Pcbcarp dice:

    Así es la vida. Desde que casi no quedan periodistas capaces de aguantar guerras, publican cosas como lo de el País y las torturas libanesas. ¿Para qué exagerar si la realidad es ya lo suficientemente horrible? Me refiero a la redacción del periodista. Si lo que cuenta fuera cierto no habrían sobrevivido. Esa indigencia mental de los aficionados ayuda a trivializar el horror. (Cosa que no le ocurre a Pérez Reverte, of course)

  3. Toni dice:

    Posiblemente sea la única entrada que no me voy a leer desde que te conozco. No quiero dejar de sorprenderme por nada hasta que trinque el maldito libro que tantas ganas tengo y comérmelo literalmente.
    Seguramente no das ningún detalle, pero déjame que me desvirgue Reverte, anda.

  4. casshern25 dice:

    Toni te dejo que te desvirge Reverte, claro que si. Aunque del libro no doy ningún detalle, pero mejor Reverte que yo.

    Pcbcarp el móvil, el satelite, etcétera han terminado con ese tipo de periodista. Bueno, eso y los politicos y cia.

    Una mujer desesperada lo malo es que hoy por hoy sacar lo peor lo llaman normal y ser lo mejor es en ocasiones “ser tonto”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: