Ivo Markovics reales

julio 29, 2007

Vi y viví lo peor que hay en la naturaleza humana. Se quedó marcado en mi interior a sangre y fuego y no podrá borrarse jamás. Me tuvieron meses esposado con los brazos atrás y arrodillado. Si me dormía y se me caía la cabeza hacia delante, me daban una patada. Los animales tienen más moral que ellos.

Ivo Markovic es uno de los personajes de “El pintor de batallas” la última novela, excluyendo la saga Alatriste, de Pérez-Reverte. Cuando leía esta mañana el reportaje de El País sobre Ashraf Alhajuj, me acordé de Ivo Markovic, de su mirada al mundo, de su fin después de volver del infierno, de llegar de nuevo al paraíso irreal. Ashraf es el médico de origen palestino acusado por las autoridades libias, junto con cinco enfermeras búlgaras, de haber inoculado el virus del sida a más de 400 niños. Ahora le toca quizás la parte más difícil, volver a la vida normal.

En una de las páginas así lo reflejaba Reverte bajo Markovic, sentarse en la terraza de un bar y escuchar a la gente preocuparse por el color de su traje nuevo, la memoria de su ordenador o las horas que se pasa su hijo jugando a los marcianitos con la consola. Concluía que no se habituaba a aquello. Que todos le parecían locos, trastornados, ajenos a la realidad. En otro episodio del libro le preguntaba a Faulques – El pintor de batallas – si los normales eran ellos o los que vivían en el limbo, si todo aquello que se hace en las guerras era lo normal en realidad de la condición humana. Faulques, asevera que quizás en las guerras solo había gente normal haciendo cosas realmente naturales a ellas, que lo demás era artificio.

Cuando el desastre devuelve al hombre al caos del que procede, todo ese civilizado barniz salta en pedazos, y otra vez es lo que era, lo que siempre ha sido: un riguroso hijo de puta.

Se puede leer en el libro. Ashraf es un Ivo Markovic real, de carne y hueso, no retratado por un escritor. Teniendo la cruel certeza de saberse hombre. Solo espero que no tenga a ningún Faulques por que entonces creo que una vez descubra la verdad no le quedará mucho más que hacer que volarse los sesos. Por último y para cerrar, para aquellos que piensen que el ser humano se hace malo a través de los años, que aún hay esperanza y quieren cambiar el mundo no me viene nada mejor que esto:

Había ocurrido en la confusa línea de demarcación serbocroata, poco antes de Vukovar. El pueblo se llamaba Dragovac: una iglesia ortodoxa, otra católica, un ayuntamiento, un polideportivo. Un lugar campesino, tranquilo. El conflicto de los Balcanes había pasado por allí sin ruido aparente; la única huella visible era un solar arrasado donde antes se levantaba la iglesia católica. Por lo demás no había ninguna casa incendiada, en ruinas o con huellas de combates ni disparos. Los habitantes se dedicaban a sus tareas y apenas se veían soldados. Todo habría sido casi bucólico de no mediar un detalle: los croatas de Dragovac, un centenar de personas, habían desaparecido de la noche a la mañana. Allí sólo quedaban serbios. Corrían rumores de otra matanza; así que Faulques y Olvido se proveyeron de salvoconductos del ejército yugoslavo y viajaron por la carretera que corría a lo largo del Vrbas. Llegaron a Dragovac por la mañana, cuando casi todos los vecinos estaban trabajando en el campo. Estacionaron el coche frente al ayuntamiento y pasearon sin que nadie los molestara. No hubo hostilidad, ni cooperación; a cada pregunta la gente respondía con evasivas o silencios. Nadie sabía nada de croatas, nadie había visto croatas. Nadie los recordaba.

El único incidente ocurrió en la explanada donde estuvo la iglesia católica, cuando dos milicianos con el águila serbia en las gorras les pidieron la documentación. No foto, fue el comentario. Verboten. Prohibido. Al principio Faulques se inquietó, pues pronunciaron verbluten; y aquello significaba morir desangrado —más tarde consideró que no era mucha la diferencia, y que tal vez eso mismo habían querido decir—. Una oportuna sonrisa de Olvido, unos cigarrillos y algo de charla distendieron el ambiente. Los milicianos tampoco sabían nada de croatas. Punto final, concluyó Faulques. Vámonos. Volvieron al automóvil, y estaban a punto de salir del pueblo cuando pasaron ante el polideportivo. No se veía un alma. De pronto él tuvo una sensación extraña y detuvo el coche.

Se quedaron sentados, Faulques con las manos en el volante, Olvido con la bolsa de las cámaras en el regazo, mirándose. Luego, sin pronunciar palabra, bajaron del coche y caminaron. No había nadie, excepto un niño que los observaba de lejos, junto a un árbol seco. Flotaba algo siniestro en el ambiente, en la ausencia de sonidos del edificio de cemento gris, tan sombrío y desierto que ni siquiera los pájaros volaban por encima. Y cuando pasaron bajo el arco de entrada y salieron al campo de fútbol desprovisto de césped, con la tierra removida y aquel curioso olor, Olvido se detuvo, estremeciéndose. Están aquí, dijo en voz baja. Todos. Fue entonces cuando se les unió el niño. Los había seguido, y ahora fue a sentarse cerca, en una grada del estadio. Debía de tener ocho o diez años y era flaco, rubio, de ojos muy claros. Un niño serbio. Llevaba una tosca pistola de madera metida en la cintura del pantalón corto. Y entonces, sin que ninguno de los dos hubiese pronunciado una palabra, el niño sonrió. ¿Buscáis croatas?, preguntó en inglés escolar. Después, sin aguardar respuesta, acentuó la sonrisa. En este pueblo no encontraréis ninguno, dijo burlón. Nema nichta. Aquí no hay croatas ni los hubo nunca. Entonces Olvido se estremeció otra vez, como si por aquel lugar corriese un soplo de aire frío. Lo sabe igual que tú y que yo, murmuró. Pero Faulques negó con la cabeza. Lo sabe mejor que nosotros, dijo. Y le gusta. Luego alzó la cámara para enfocar el rostro del niño: los ojos helados como escarcha, y aquella sonrisa despiadada y maligna.

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Falsas verdades de paz

junio 25, 2007

Seis soldados de las fuerzas españolas enviadas han muerto en el Líbano, esos soldados como sus compañeros allá desplazados están bajo el mando de la ONU. ¿Pero qué hacían allí nuestras tropas?, ¿En misión de paz? Me descojono de la risa. Recapitulemos.

Hace casi un año, Hizbulá secuestró a dos soldados israelíes en el sur del Líbano, tras la incursión de éstos con otros homólogos de profesión en territorio hostil. Por aquel entonces la cosa ya estaba más que caliente en la frontera sur de ambos países. Los bombardeos en ambas direcciones fueron continuos. ¿Quién tiro la primera piedra? Es el cuento de nunca acabar. Pero Israel tiene un ejercito, éste apunte es importante, y decidió comenzar a bombardear alegremente a toda la parte sur del Líbano, destrozando y dejando en las ruinas ciudades cómo Rmeil dónde aseguraban que eran zonas donde Hizbulá tenía sus bases. Mientras tanto el gobierno libanés estuvo a verlas venir y un representante del partido de Dios (Hizbulá) niega que ellos sean los responsables de los famosos misiles que cayeron al norte de Israel. Además con mofa incluida, si llegamos a tener misiles de tanto alcance se iban a enterar esos… venía a decir el portavoz.

Mientras el primer mundo se horrorizaba y por los telediarios entre otras cosas cubrían noticia diciendo que se estaban evacuando los últimos extranjeros en la zona, que qué angustia la de tener europeos por aquellas tierras de vacaciones… en la ONU decían muy amablemente a Israel que dejará de bombardear al Líbano, que vale que haya en su territorio malos malotes pero que se iban a cargar el país a ese paso. ¿Por qué no hicieron nada más? ¿Por qué no dijeron a Israel que parará de destruir un país entero? Porque Israel es muy amigo de EEUU y por tanto la ONU está capada. ¿Por qué? “Jo yo quiero la paz” “no a la guerra” ah no que eso solo es para Irak. Veamos estaba capada por su propio funcionamiento. Las naciones unidas están formadas por una asamblea general donde están representados todos los países, pero es simbólica, fachada, aquí es donde reside el problema. Puesto que formula recomendaciones, solo eso, no toma ninguna decisión. Las decisiones son tomadas por el consejo de seguridad de las naciones unidas, formado por cinco países que tienen derecho a veto, es éste derecho el que en realidad decide si se hace tal o cual cosa. Basta con que uno de los cinco miembros no esté de acuerdo, y dicha acción no se ejecuta. ¿A qué no adivinan quienes son esos cinco países? Se lo digo, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia y China.

Atando cabos ya saben la respuesta de porque la ONU solo podía lanzar amenazas, Israel sabiendo del permanente veto de EEUU fue haciendo y cuando pensó que ya había hecho la limpieza levantó la mano y su amigo fue a preguntar que querían. ¿Se acuerdan del viaje de Condoleezza a Israel? Pues eso. Al fin la ONU podría actuar, claro que no contra los invasores que bombardearon un país entero para luego pasar a un ataque terrestre. No. Tenían que entrar en un país que antes de todo aquello estaba en paz y veía un futuro prospero gracias al turismo en misión humanitaria y para controlar y terminar con los posibles malos malotes (Hizbulá) que quedaban por allí sueltos.

Los libaneses como suele pasar en estos casos y ante tales circunstancias se han ido radicalizando, claro que con decir que están todos locos se termina mucho antes, por consiguiente la acción israelí tuvo el efecto contrario y Hizbulá ahora está más fuerte que nunca, siendo el país un nuevo nido para Al Qaeda. Las fuerzas de la ONU la verdad sea dicha no son el paladín de la eficacia y la mano dura y el Líbano a pasado a ser otro punto caliente, la misión de paz es cada día menos de paz y ocurren cosas como la acontecida. Y cada vez será peor.