Educadamente malos

noviembre 15, 2007

El dos de noviembre Javier Pérez de Albériz se despedía de los lectores en su blog alojado en El Mundo. El blog aunque era de crítica televisiva no en pocas ocasiones dictaba una línea muy alejada a la de Pedro J. Ramírez, perdón, a la de la editorial. Nota fuera del tema: no entiendo por qué hay todavía editoriales en los periódicos españoles, salvo El Público. ¿Miedo a mostrar la cara? En la época de la dictadura era comprensible pero ahora solo se usa cómo ambigüedad personal para no poder denunciar a nadie de forma directa. Volvamos, la última vez que mostró su clara disconformidad con la editorial de El Mundo, fue cuando se produjo la sentencia del 11-M, el 31 de octubre en la entrada de ese día se podía leer tapado tras una cronología del dispositivo que las distintas cadenas hacían sobre el evento, una dura crítica hacia los propulsores y partidarios de la conspiranoía del atentado, entre los que es encuentra El Mundo.

En cambio y pese a lo que sería normal no le despidieron. No le han puesto de patitas en la calle. Se ha ido el propio Albériz, los motivos los ponía en la última entrada:

Por cierto ¿Recuerdan qué es un blog? Según la Wikipedia, “un sitio Web periódicamente actualizado que recopila cronológicamente textos o artículos de uno o varios autores, apareciendo primero el más reciente, donde el autor conserva siempre la libertad de dejar publicado lo que crea pertinente”. Actualmente, en un medio de comunicación donde su opinión no coincidiera con la opinión del blog jamás eliminarían el blog. O al menos no lo harían de golpe, castrándolo a la vieja usanza. “¡Defendemos la libertad de expresión!”, dirían muy ufanos.

Serían mucho más sutiles. Lo quitarían de los lugares más visibles, lo irían arrinconando, no actualizarían los comentarios, probarían suerte con otros blogs para sustituirle… Puede que incluso, en un alarde de “propaganda negra”, lo utilizasen como muestra de la libertad que se respira en ese medio.

El escritor inglés Aldous Huxley escribe en ‘Un mundo feliz’: “el mayor de los triunfos de la propaganda se ha conseguido, no haciendo algo, sino absteniéndose de hacerlo”. Es decir, ocultar en lugar de censurar. Confinar en lugar de mutilar. Menospreciar en lugar de silenciar.

Esto no viene de ahora – “El arte de la guerra” de Sun Tzu – pero cada vez es más fino, más enrevesado y difícilmente apreciable. Le dan mil vueltas al asunto para hacer saltar la chispa en el otro, para que el otro se cabree y luego levantar las manos abiertamente y decir “yo no he hecho nada” o “yo soy una demócrata y usted un reaccionario que no sabe comportarse”. Hinchar los cojones como se conoce de toda la vida pero con la brillante cualidad de luego poder seguir diciendo “libertad de expresión”, “progresista”, “liberal” o lo que se tercie. Y que nadie ose a discutirlo por que entonces ya le puede caer de fascista en adelante.

Anteriormente estaba todo más claro, éramos más sanos, nos hemos vuelto enrevesados, el ir de claro, el decir no a la primera – independientemente que lleve o no razón – esta mal visto, ahora hay que ser educadamente malo para que el otro diga también no sin darse cuenta.

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