Sicko, la falsa felicidad de sentirse protegido

noviembre 4, 2007

En la noche de todos los santos, o Halloween cómo se conoce en Yankilandia, salí, terminando ya la noche y en una pacifica conversación sobre el trabajo. Uno dijo que ya tenía seguro médico privado. El mismo que dijo que nosotros, nuestra generación, nos jubilaríamos a los setenta y cinco. Tampoco nadie pidió argumentación, en las noches que se hace de día no se deben pedir argumentaciones, pero me quede con el dato. Además recordé que un familiar –mínimo- mío tiene seguro privado, y hace algún tiempo en una conversación se llegaba a la conclusión de que mejor hacerse X pruebas por lo privado y no esperarse a la Sanidad Pública.

Casualidades o no, hace dos noches veía Sicko, el último documental de Michael Moore. Quizás menos trascendente que sus dos anteriores, por que en este a diferencia de los otros no se habla de un gran número de muertes, ni de armas, es más un tema social. Y claro, lo social en EEUU no interesa, son de mercado libre, el mismo mercado libre que dejo que se pudriera Nueva Orleáns tras el paso del huracán Katrina. Sicko trata sobre el sistema sanitario norteamericano, allí no hay Sanidad Pública porque cómo decía Reagan:

Me llamo Ronald Reagan. Uno de los métodos tradicionales de imponer el socialismo es por medio de la medicina. El médico pierde libertad. Es como decir una mentira y una lleva a la otra.

Un médico decide que quiere ejercer en una ciudad y el gobierno debe decirle: “No puedes vivir en esa ciudad, ya tienen suficientes médicos, debes ir a otro lugar”.

Todos sabemos lo que pasa una vez que sientas el precedente de que el gobierno determine el lugar y los métodos de trabajo de un hombre y luego lanzarán otros programas federales que invadirán la libertad que siempre tuvimos en este país. Hasta que un día nos daremos cuenta de que tenemos socialismo.

Y no hace falta decir el porqué de su fobia, miedo y repulsa que tiene el pueblo americano por todo lo que lleve el nombre de socialismo o comunismo. El problema del libre mercado, del sueño americano es que se insensibiliza a la larga, la sociedad va como loca para conseguir objetivos, la casa, el coche, la piscina, el móvil… y para todo eso hace falta mucho dinero. Y el dinero llama el dinero. Y si algo quieren las aseguradoras es dinero. Quizás si hablamos de ordenadores no tiene trascendencia cuando hablamos de evitarse una posible resonancia magnética que detecte un posible tumor cerebral… la cosa cambia.

Me llamo Linda Peeno. Estoy aquí principalmente para hacer una confesión pública. En la primavera de 1987, como médica negué a un hombre una operación que le habría salvado la vida y provocó su muerte. Ninguna persona ni grupo me responsabilizó de esto porque lo que hice fue ahorrarle medio millón de dólares a la empresa. Además con esta actitud me aseguré la reputación como una buena directora médica y mi progreso ininterrumpido en el campo de la atención médica. Pasé de ganar unos cientos de dólares por semana como revisora médica a tener un ingreso de seis cifras como ejecutiva médica. En mi trabajo tenía una tarea principal, que consistía en usar mi pericia médica para el beneficio financiero de la organización para la que trabajaba. Y me dijeron en repetidas ocasiones que no rechazaba la atención sino que simplemente rechazaba el pago. Sé que los seguros médicos mutilan y matan a los pacientes, así que estoy aquí para hablarles de su trabajo sucio. Me horrorizan los cientos de documentos donde escribí esa palabra letal: “Rechazado”. Gracias.

Llegado a este punto es donde la cosa me pone. Por que a mi ciertamente lo que les pase a los yankis y su puñetero mercado libre no me afecta demasiado en el día a día pero si observo ciertos paralelismos en lo que sucedió allí y en los sucede AHORA aquí. Veamos: ¿Dónde comenzaron los seguros médicos? Recapitulemos (17-02-1971, grabación en cinta magnética)

Ehrlichman: Limitamos los problemas del vicepresidente a un tema: si deberíamos incluir a las organizaciones de mantenimiento de salud como Permanente de Edgar Kaiser.

Nixon: Le diré una cosa… Sabe que no respaldo estos programas médicos.

Ehrlichman: Es una empresa privada.

Nixon: Me interesa.

Ehrlichman: Edgar Kaiser tiene fines de lucro con Permanente. Y la razón por la que lo puede hacer… El Sr. Kaiser vino y hablamos de esto. Y profundicé en el tema, todos los incentivos son para brindar menos atención médica porque cuanta menos atención brinden, más dinero ganarán.

Nixon: Vale.

Ehrlichman: Y los incentivos son importantes.

Nixon: No está mal.

Al día siguiente Nixon hizo aparición pública anunciando el nuevo sistema sanitario, y como no, proclamándolo como el mejor posible. En los años posteriores los pacientes recibieron menos y menos atención en la Sanidad Pública. Cada vez más demora en el hospital público de la zona y menos calidad de servicio. ¿Ya les suena la historia verdad? ¿Ya les es más familiar? Les ha recorrido un frío escalofrío por todo el cuerpo ¿Verdad? Volvamos al principio y la seguridad de tener un seguro médico privado.

Donna: Si me hubieran dicho hace 10 años que nos pasaría esto por el seguro médico, yo hubiera dicho que eso era imposible. En EE UU no dejaríamos que eso le sucediera a la gente.

¿Se acuerdan? Lo puse el viernes en Balas Marcadas como adelanto. Diez años para que la seguridad, el privilegio de tener un seguro médico privado se vuelva en contra de uno, de que sea la única salida a tener asistencia médica, de no tener el privilegio sino eres rico de contraer una enfermedad grave… Sean felices, si pueden.